
obra de Andrea Corrales Devesa està subjecta a una llicència de Reconeixement-No comercial-Compartir Igual 3.0 No adaptada de Creative Commons
Porque ya nada, ninguna acción/intención es inocente. La abstracción ha convertido nuestras pasiones en términos, nuestros gestos, en códigos.Todo se desvanece en el epicentro del agujero negro que supone la nada. Eterna, se erige triunfante... Y ahora, qué?

Lejos de ser una burla, este vídeo se presenta como una reflexión personal y corporal acerca del desarrollo de las prácticas feminista desde principios de los setenta y que caminan ya no hacia un postfeminismo claramente superado, sino que ya transitan hacia un transfeminismo .
El modelo ha cambiado, y no para que se instaure otro modelo. Por tanto, no hemos de hablar de revolución sino de transformación. Una transformación que va más allá del propio concepto de sujeto feminista, sino que se introduce en el propio cuerpo y diluye – al menos esa es la intención – sus propias fronteras.
Dentro de mi línea de trabajo-como sabéis, centrada en los temas de cuerpo, género, performance, etc.- decidí, después de haber llevado a cabo un proceso de investigación de tipo teórico-bibliotecario acerca de las prácticas feministas más relevantes desde los sesenta,llevar a cabo esta video-performance como ritual ya no de desvinculación de toda la historia que me precede, sino de liberación de los estereotipos con los que la historia ha ido manchando nuestros propios cuerpos, cambiando unas jaulas por otras.
Carole Schneeman en su obra “Interior Scroll”, performance realizada en 1975 (que es la obra a la que hago alusión en mi vídeo) se presentó sólo cubierta con una sábana y explicó al público que iba a leer un extracto de su libro, Cèzanne. She was a Great Painter. Acto seguido, se despojó de la sábana y se pintó el contorno del cuerpo con grandes trazos de barro. Se subió a una mesa larga y leyó el texto mientras posaba en una serie de poses típicas de modelos de dibujo del natural, sosteniendo el libro en una mano. Lo dejó caer y , lentamente, se extrajo un rollo de papel de la vagina y leyó las inscripciones que había escritas en él, extraídas de textos feministas que ella misma había redactado para una obra anterior.
Esta obra nació de las investigación de Schneeman en torno al “espacio vulvar” y a su conexión con las formas serpenteantes como los atributos de las diosas de las culturas ancestrales.
Este tipo de prácticas que se nutren de la idea esencialista de “mujer”, que durante los setenta se vinculó de manera muy productiva con la idea de vagina y su redescubrimiento y su recontextualización, es precisamente algo de lo que quería huir, puesto que por mi historia personal y mis experiencias, soy muy proclive a esta manera de pensar y a llevar una actitud de venganza que me parece no solo poco creativa sino también poco elegante :)
A día de hoy, prefiero abogar por la idea de que si, efectivamente, hombres y mujeres no son más que categorías, pero son. (mutables, podemos elegir.está claro) Pero forma parte de nuestra realidad, de modo que hay que posicionarse.
Mi vagina no limita mi cuerpo. No me hace mujer. Yo me hago mujer, identificándome con una lucha y utilizando mi cuerpo como arma, un arma que por fin está en nuestras manos y que dispara todo aquello que antaño fue hiriente para con nosotras, reapropiándonos de aquello con lo que quisieron reprimirnos.

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Me resultó, como poco, interesante y por qué no, cachondo, que en historia de la fotografía encontrara uno de mis mejores argumentos en contra de esos virus con gesto serio y lenguaje pedante que andan por la facultad entre el sigilo y la pavonería. Entre el sigilo de que nadie les robe las comúnmente llamadas “ideas”, y la pavonería de gozar de la única cantera fiable de que abastecerse, como no, autónoma e independiente.
Como si de los grandes inventores de las palabras se pensaran, caminan delimitando su campo de competencia, y desconocedores de toda la historia que les precede, se coronan presas de su propio discurso, herméticamente cerrado gobernando su reino sin pudor a expulsar a los enemigos; esto es, cualquier persona que ose inmiscuirse en el tema que han elegido.
Como fenómeno particular se pueden considerar individuos graciosos, sin más preocupación. Pero no se tiene encuentra el enorme mal que están propagando por la facultad, pues influyen en las libertades de los demás. La céebre frase “eso ya lo hice yo…” resulta un dique realmente estúpido y limitador para el receptor, merma su interés hacia la investigación, la curiosidad y el toqueteo fundamental de cualquier estudiante de bellas artes.
La destrucción ha de se inminente.
Por ello, quiero reivindicar el fenómeno de los Mil y un inventores de la Fotografía. Lo que nos enseña es a entender que todxs formamos parte de una cultura general, un entorno social que condiciona nuestro lenguaje y orienta nuestros temas de interés.
¿No resulta curioso que todos a una, muchos investigadores y científicos de diferentes países ricos se toparan con la fotografía? Ninguna persona está al margen del clima social, las curiosidades y por supuesto, los momentos socio-históricos que le envuelven y le construyen. ¡Seamos conscientes de él y seremos más libres!
Aunque dentro del mundo del arte aún vivimos en la fábula de la mal llamada “originalidad”, que predica la existencia de algo “superior a nosotros”, sacar “lo que llevas dentro” y toda esa mierda (promulgada en gran medida por el profesorado) es indispensable una acción directa y una reivindicación de lo común, de el encuentro más que de esta política de privatizar las ideas, que nos empobrece como artistas y hace mucho más aburrida esta carrera que debería ser una selva, en vez de un zoo[1] .
[1] Idea sustraída deliberadamente (como tiene que ser) del cerebro de mi querida amiga Berta Escobar, gran pensadora y saltadora de verjas de zoos y demás cárceles.

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