domingo, 13 de diciembre de 2009

video

En esta misma línea va enfocado el vídeo “Sin título 1 (que nadie te
oprima el aliento)”, donde aparezco con el pecho cubierto con una apretada
cinta de carrocero (fantástico material por cierto). Las primeras imágenes
desprenden una atmósfera agobiante, producida por los intentos de respiración profunda que parecen querer romper la cinta, pero es imposible.

Aproximadamente al minuto, aparece la reacción: sonidos mecánicos de armas a modo repetitivo funcionan como “banda sonora” del proceso de “liberación”, produciéndose este a mayor velocidad y con una condición explicita de violencia y agresividad.

El vídeo parece querer hablar de liberación, efectivamente, pero creo que queda bastante clara la situación de violencia y, al fin y al cabo, de dolor con el que tal proceso se lleva a cabo. Al menos, esa es mi experiencia.

Y de liberación, hablo en todos los sentidos:

En esta época me gustaba vendarme el pecho, y a veces usaba barba. Con faldas y mi ropa habitual, está claro, pero me apetecía introducir en mi vida de manera más visible y consciente ese elemento performativo que hablaba Judith Butler a propósito de las construcciones de género.

Me preocupaba, como siempre, estar saliendo de la sartén para caer en las brasas. Esto es, liberarme de mi condición de mujer (mujer a partir de determinado código estético/médico/visual), para después encarcelarme en una suerte de género indefinido, con sus también características visuales. Hablando en plata, quemar el sujetador para vendarme el pecho.

Me parece que si algo debemos aprender del Queer y de los estudios de género es lo que ya la posmodernidad nos enseñó antes: dejar de ser para empezar a estar. No se puede ser Queer, como tampoco se puede ser mujer, o ser abogado o un capullo. Olvidémonos de los esencialismos y aprendamos a estar cómo y dónde queremos.

sábado, 12 de diciembre de 2009

martes, 8 de diciembre de 2009

miércoles, 2 de diciembre de 2009

EN EL VIENTRE DEL ANARQUITECTO

O pensar a través de Gordon Matta-Clark


"De el período histórico que recibimos generaciones más jóvenes (…) en la que su vida y su obra se enmarcan en nuestro propio contexto, la proyección hacia el presente de las experiencias de lucha y prácticas de ruptura ( en todos los órdenes ) y que nos han obligado a construir nuestro conocimiento por experiencias de nuevas formas de ruptura en las actuales condiciones huérfanas de memoria y bajo el descrédito de una cultura de oposición. En un marco histórico donde aún más grave si cabe que la miseria material generada por un sistema socioeconómico reproductor de polaridades sociales, es la miseria moral de unas sociedades sometidas a lo que sin duda puede ser calificado de grave crisis de civilización."

“La mirada historicista sobre los sesenta y ochenta ha teñido de nostalgia un período que se nos interpreta como lleno de expectativas utópicas (equivalente a decir en un lenguaje de dominación: Quimericas) y finalmente marcado por un fracaso. Una visión al mismo tiempo uniformizadota sobre un ciclo de luchas que, bien al contrario, estuvo recorrido por contradicciones y caracterizado por la heterogeneidad, por la riqueza y pluralidad de formas de oposición, de “vida política” en un sentido pleno”

“El trabajo de Gordon Matta-Clark discurre a tiempo real, cuya obra no se basa en premisas representacionales, sino que busca precisamente introducir al espectador en una existencia ceñida a las condiciones concretas de un lugar, de una situación.
Su trabajo afirma la voluntad de eliminar la distancia entre la obra de arte y la experiencia de encontrarse en un espacio y en un tiempo concretos. Sortear así la re-presentación, en una aspiración indisociable del proyecto político de desarrollar nuevas formas de vida y experiencia en el aquí y ahora, nunca más propuestas ni delegadas”




(“Saber Vivir: algunas notas sobre la urgencia de escribir hoy acerca de Gordon Matta-Clark” Marcelo Expósito/ Gabriel Villota. En el libro “ ¿ Construir… o deconstruir ? Textos sobre Gordon Matta- Clark” Editor Darío Corbeira. Editorial Universidad de Salamanca. Salamanca 2000.)

martes, 1 de diciembre de 2009

ODIO LAS MIGAJAS

Esta noche he conocido a un tío que me ha introducido en el underground de la cultura conquense: Las Turbas

Como cualquier tradición de la españa profunda vinculada a la semana santa, tampoco tiene mucho de extraño; reproduce la parte de la historia bíblica en la que cuando cristo llevaba la cruz, el gentío le insultaba. Este gentío hoy por hoy son los Turbos.

Y cuando digo los Turbos lo digo en masculino. Solo hay hombres Turbos.
Bueno, hasta hace como cuatro años que hay alguna que otra turba perdida por allá. Y mal mirada, evidentemente.

No obstante, me a encantado que un hombre frente a cuatro mujeres tuviera los cojones bien puestos para decir, en medio de esta sociedad tan repugnantemente permisiva y adormecida, "no me parece bien que hayan mujeres en las turbas".

De puta madre, sinceramente a mi tampoco.

Pero rebobinemos. Volvamos a la turbas y visualicemos todo ese fulgor masculino. Esa elongación peneana abriendose paso entre la camaradería y los amiguetes. La identidad masculina se afirma, toma fuerza, toma poder.
Además es un poder que se manifiesta en lo público, que se lo apropia. Y trasciende la fisicidad de los cuerpos, pues el clamor de los tambores hace que estén presentes prácticamente en toda la ciudad.

Pero, ¿Y las mujeres? Por lo que me ha contado este amigo, su papel se limita a traerles al día siguiente de el pelotazo, un bocadillo a su marido.
Pero, ¿dónde están las mujeres mientras todos los maridos andan frotándose, abrazándose y sintiendose parte todos de todos? En casa. Solas. En lo privado.

Me pregunto como vivirían las turbas los hombres sabiendo que mientras ellos andan por ahí haciendo todo esto, sus mujeres pueden estar juntas. Hablando,pensando. Tal vez incluso haciendo lo que hacen ellos: bebiendo juntas, abrazándose, rozándose... creando colectividad, de una manera tan erótica como los hombres lo hacen en las turbas. Identificandose y sintiendose en colectivo, creando su propia identidad. Y tomando la calle.

También me pregunto si la lucha debe estar en que exista una "permisividad" por parte del sistema masculino que "tolere" a algunas mujeres en sus cofradías.
Ellos no nos quieren allí. Resulta evidente por qué. Yo no quiero que me toleren, quiero que me respeten, y no es lo mismo ni se parece.

Que le jodan a la tolerancia institucional.