En Sydney. Llegamos con una carta de recomendación posible gracias a las listas
anarquistas de la rise up y de una amiga muy maja. Llegamos a la librería
anarquista: millones de libros de Proudhon, Bakunin, algo de anarco-queer,
millones de fanzines anarquistas radicales. Acción directa, robo a los bancos,
guerra civil española, cómo hacer tu propia cerveza. Por primera vez en al
menos diez años hablo de Marx fuera de
la universidad-concretamente en Newtown, repelando los últimos granos de arroz que
los Hare Krishna locales habían cocinado y distribuido gratuitamente a cinco
minutos de la rosa negra- reconociendo poco sorprendida que he perdido la
capacidad de hablar en serio.
Por ahora habitamos dos “radicales”
espacios, ambos legalmente arrendados por el módico precio de 300 dólares a la
semana y que funcionan por medio del sistema “donativos”. Un divertido grupo de
personas de origen europeo guardamos refugio en el centro social –Grecia,
Inglaterra, Francia, España, Alemania- donde se nos permite dormir y disfrutar
de la inmensa biblioteca, la opulenta cocina y la fenomenal ducha de agua
caliente. Much*s de l*s “anarquistas” locales se reúnen aquí cuando salen de
trabajar o cuando terminan sus quehaceres. Ayer, a razón del “peoples kitchen”
–un comedor popular semanal que va de gratuito pero que has de “donar” algo
porque pasan el cepillo- nos reunimos unas cuantas más de lo habitual en el CSA
(centro social alquilado). Una de las personas con las que pasé más tiempo fue
un señor de unos sesenta-setenta años que hablaba tan rápido que tenía que
coger aire sonoramente al terminar las frases. Era una especie de
carpintero-ebanista-escultor de un trabajo exquisito –llevaba unas fotografías
analógicas que tenían al menos 20 años en una cajita de madera acolchada con
cuero granate. Me explicó cantidad de cosas acerca de mitología asiática y de
misticismo y teorías científicas que no entendí muy bien por la velocidad y el
acento australiano (hablaba en Inglés, claro está). Me dio la sensación que
hablaba tan rápido porque se había pasado prácticamente una hora comiendo su
plato solo –¿qué más da decir que un espacio es “mixto” o “inclusivo” si
realmente no lo es?- que todas las palabras se le habían acumulado en la boca y
había de soltarlas de alguna manera. Es evidente que la diferencia entre un
“investigador” y un “charlatán loco de la calle” sólo lo hace la edad, los
títulos y las modas. Si este hombre hablara de feminismo-queer otro gallo
cantaría…
Cuando yo ya empecé a
necesitar agua para seguir el ritmo al señor de las fotografías analógicas en
la cajita de madera acolchada dejó el tema. Yo me introduje en otra
conversación superficial dejándole solo y en cuestión de diez minutos se
levantó y se fue. Tomé otro asiento más cerca de una persona cuya manera de
hablar me resultaba más amable. Una voz más clara, menos slang, palabras que se desarrollaban más lentamente. Empezamos a
hablar de los derechos constitucionales que tenía Australia. A saber: que el
gobierno no puede tomar bienes privados. That´s
it. Comentábamos Andrea y yo –por lo bajini y en castellano- que de poco
sirven teniendo en cuenta que en España uno de ellos es el derecho a una
vivienda digna, derecho de reunión, libertad de expresión, etc. Aunque no hay
duda que en un proceso legal deben ser de mucha ayuda. De aquí pasamos a la
cuestión judicial y clase social, a través de la historia del pavo: Parece ser
que este chico estuvo trabajando durante unos años sin usar las vacaciones que
por derecho tenía. De modo que acumuló un par de años de vacaciones y se fue a
viajar por Latinoamérica. Consiguió-increíblemente-un puesto de profesor de
español en Venezuela –remarco que el tío no hablaba ni una palabra de español-
y volvió a Australia para visitar a la familia cuando empezó el movimiento
Ocuppy en Sydney. Al parecer en una de las intervenciones policiales le
detuvieron y le acusaron de agresión contra la policía. Debido a varias
negligencias y a lo largo que se hace un proceso como ese se tuvo que quedar en
Australia más tiempo del que esperaba y perdió su trabajo en Venezuela.
Estuvimos mucho rato hablando de las leyes en la ciudad de Sydney y en
Australia y acabó diciendo que daría lo que fuera por no tener un pasaporte
australiano-a lo cual respondimos tod*s con una colectiva cara de asombro
debido a que millones de personas darían y dan todo lo que tienen por poder
acceder simplemente al permiso de residencia en este opulento país-. Según él,
debido a la hermandad que Australia tiene con Estados Unidos, una persona con
cargos en Australia es igualmente perseguida que una estadounidense por ambos
gobiernos y sus respectivos sistemas de inteligencia y de represión, y que por
lo visto esto es una vaina a nivel mundial. De ahí pasamos al tema “¿y puedes
desertar de ser Australiano?” El tío empezó a contar que en realidad tiene
orígenes europeos y que podría acceder a un pasaporte inglés o italiano, ya que
al parecer sus abuelos eran Romanís –gitanos que vienen de la India- asentados
en Italia y emigrados a Inglaterra donde tuvieron a sus padres, los cuales
emigraron a Australia donde él nació. Contó con la enorme especificidad
política que se toma una persona con un par de copas de más la diferencia de
ser Romaní y de ser Rumano. De ahí no sé cómo acabamos hablando de las leyes de
beber alcohol en la calle. El tipo acabó sentenciando que se trataba de una
cuestión racista y que de todas las personas que estábamos en la habitación
solo tres (él, Andrea y yo) seríamos arrestados por beber en la calle. No sé si
se trata de una cuestión de vivir en un país donde el proceso colonial no ha
terminado ni mucho menos o qué pero he podido percibir en los meses que llevo
en esta parte del mundo lo que alguien llamaba “las olimpiadas de la opresión”: esto es, el uso
indiscriminado de la cuestión de la identidad periférica para gozar de
privilegios dentro de los movimientos sociales o de los sectores progres de la
sociedad. Llegaba a esta conclusión mientras me quedaba en la parra mirando las
raíces rubias de este anarquista de abuelos gitanos de moreno teñido. Esto de
teñirse de moreno ya me llamó la atención por primera vez cuando me enrollé por
primera vez con una alemana con deje anti-duch que odiaba hablar en Alemán y
vino a tirarme los trastos en cuanto me vio, simplemente por no ser blanca. Me
quedé flasheada cuando iba a comerle el coño y me dí cuenta que todo su vello
púbico era la cosa más rubia que había visto jamás. Rubia de bote chocho morenote se dice en España: bueno, aquí parece
ser que se dan la vuelta las cosas, al menos dentro de los movimientos sociales
en las sociedades blancas. Es una suerte de exotismo de la diferencia, a lo que
ya estamos muy acostumbrad*s, pero que me parece que habría que matizar. Me
viene a la cabeza también cuando casi a punto de coger el avión para dejar
Auckland, MZ me preguntaba inquistoriamente que me parecía el uso del “burka”
por parte de personas que no son musulmanas a razón de la “discussion” que
organizamos en MAD space acerca de las políticas postpornográficas en España.
Uno de los vídeos que puse fue una entrevista a Diana Pornoterrorista en la que
explicaba el origen del término pornoterrorismo. Contaba la primera performance
pornoterrorista que apelaba directamente al lavado de cerebro anti-islam que
los medios de (in)comunicación divulgaban a diestro y siniestro. MZ me explicó
que conocía a mucha gente musulmana que se sentiría ofendida por que Diana
usara un burka cuando ella no es musulmana. Yo también he utilizado un burka
para una de las performances que organizamos con Transfusión para el Queeristán
en Amsterdam y es algo que evidentemente se pensó pero no se le dedicó toda la
importancia que para alguien como MZ puede tener. Personalmente yo parto de la
base de que todo el mundo ha de hacer lo que le dé la gana dentro de la
expresión política o artística, ya que así podemos hablar de ello y no caer en
el silencio absoluto que la censura de la neutralidad y lo políticamente
correcto nos dirigen, y probablemente viene de ahí que no le diera mucha
importancia: tal vez he perdido el miedo a ser incorrecta o incoherente en
público, aunque aún no he llegado a que me la sude lo que los demás digan de
mi. Volviendo al tema, ¿no se trata de una cuestión muy parecida aunque de
nivel más light que una persona rubia se tiña el pelo de negro para “sensibilizarse”
o “solidarizarse” con étnias menos favorecidas por el sistema
racista-capitalista de un país blanco que utilizar un atuendo usado por
personas menos favorecidas por este mismo sistema racista-capitalista para
solidarizarse de igual manera o, por qué no, identificar ciertas cuestiones que
atañen y atraviesan a tod*s? La ley sexista y racista que prohíbe a las mujeres
musulmanas que han decidido llevar el hiyab o burka a usarlo en público es la
misma ley que me prohíbe cubrirme de la represión policial en las
manifestaciones, y eso me da que pensar.
Mientras estaba en la
parra mirando las raíces rubias de este tío se me iban hinchando los ovarios
lentamente de pensar que este señor se le respeta por haber teñido su pelo de
negro y de esta manera tener una imagen más firme que represente la identidad
marginal que le da la palabra en esta micro comunidad anarquista y a Diana se
la cuestiona por haber usado un burka en una performance originada en una
convulsión política y social tan proclive a la experimentación de estos tabúes,
entonces políticos, culturales y religiosos y ahora también tabúes de los
movimientos sociales.
Creo que tod*s, en mi
opinión, participamos de alguna manera en estas Olimpiadas de la opresión. Me
resulta muy difícil cuando un grupo de personas se me acerca preguntando que
está pasando en España, movilizaciones, etc. ¡Además con lo que me gusta
hablar! Se les cae la baba solo con decir la palabra “square”. Pero bueno he de
decir que no tenemos nada que hacer al lado de los griegos, aquí hay uno que es
un machista pesado donde los haya pero como es griego y anarquista cada vez que
abre la boca todos le escuchan. Y si no es griego es que tiene un tío aborigen
o un cuñado negro, pero tod*s los que pasamos por aquí somos jóvenes
(fundamental para entrar en la liga de la opresión), alternativ*s de clase
media. Y blancos o ligeramente racializad*s, guap*s, activ*s, leíd*s. Menos el
señor de las fotografías analógicas en la cajita de madera acolchada, ése no.

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