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jueves, 14 de marzo de 2013

Olimpiadas de la opresión


En Sydney. Llegamos con una carta de recomendación posible gracias a las listas anarquistas de la rise up y de una amiga muy maja. Llegamos a la librería anarquista: millones de libros de Proudhon, Bakunin, algo de anarco-queer, millones de fanzines anarquistas radicales. Acción directa, robo a los bancos, guerra civil española, cómo hacer tu propia cerveza. Por primera vez en al menos diez años hablo de Marx  fuera de la universidad-concretamente en Newtown, repelando los últimos granos de arroz que los Hare Krishna locales habían cocinado y distribuido gratuitamente a cinco minutos de la rosa negra- reconociendo poco sorprendida que he perdido la capacidad de hablar en serio.

Por ahora habitamos dos “radicales” espacios, ambos legalmente arrendados por el módico precio de 300 dólares a la semana y que funcionan por medio del sistema “donativos”. Un divertido grupo de personas de origen europeo guardamos refugio en el centro social –Grecia, Inglaterra, Francia, España, Alemania- donde se nos permite dormir y disfrutar de la inmensa biblioteca, la opulenta cocina y la fenomenal ducha de agua caliente. Much*s de l*s “anarquistas” locales se reúnen aquí cuando salen de trabajar o cuando terminan sus quehaceres. Ayer, a razón del “peoples kitchen” –un comedor popular semanal que va de gratuito pero que has de “donar” algo porque pasan el cepillo- nos reunimos unas cuantas más de lo habitual en el CSA (centro social alquilado). Una de las personas con las que pasé más tiempo fue un señor de unos sesenta-setenta años que hablaba tan rápido que tenía que coger aire sonoramente al terminar las frases. Era una especie de carpintero-ebanista-escultor de un trabajo exquisito –llevaba unas fotografías analógicas que tenían al menos 20 años en una cajita de madera acolchada con cuero granate. Me explicó cantidad de cosas acerca de mitología asiática y de misticismo y teorías científicas que no entendí muy bien por la velocidad y el acento australiano (hablaba en Inglés, claro está). Me dio la sensación que hablaba tan rápido porque se había pasado prácticamente una hora comiendo su plato solo –¿qué más da decir que un espacio es “mixto” o “inclusivo” si realmente no lo es?- que todas las palabras se le habían acumulado en la boca y había de soltarlas de alguna manera. Es evidente que la diferencia entre un “investigador” y un “charlatán loco de la calle” sólo lo hace la edad, los títulos y las modas. Si este hombre hablara de feminismo-queer otro gallo cantaría…

Cuando yo ya empecé a necesitar agua para seguir el ritmo al señor de las fotografías analógicas en la cajita de madera acolchada dejó el tema. Yo me introduje en otra conversación superficial dejándole solo y en cuestión de diez minutos se levantó y se fue. Tomé otro asiento más cerca de una persona cuya manera de hablar me resultaba más amable. Una voz más clara, menos slang, palabras que se desarrollaban más lentamente. Empezamos a hablar de los derechos constitucionales que tenía Australia. A saber: que el gobierno no puede tomar bienes privados. That´s it. Comentábamos Andrea y yo –por lo bajini y en castellano- que de poco sirven teniendo en cuenta que en España uno de ellos es el derecho a una vivienda digna, derecho de reunión, libertad de expresión, etc. Aunque no hay duda que en un proceso legal deben ser de mucha ayuda. De aquí pasamos a la cuestión judicial y clase social, a través de la historia del pavo: Parece ser que este chico estuvo trabajando durante unos años sin usar las vacaciones que por derecho tenía. De modo que acumuló un par de años de vacaciones y se fue a viajar por Latinoamérica. Consiguió-increíblemente-un puesto de profesor de español en Venezuela –remarco que el tío no hablaba ni una palabra de español- y volvió a Australia para visitar a la familia cuando empezó el movimiento Ocuppy en Sydney. Al parecer en una de las intervenciones policiales le detuvieron y le acusaron de agresión contra la policía. Debido a varias negligencias y a lo largo que se hace un proceso como ese se tuvo que quedar en Australia más tiempo del que esperaba y perdió su trabajo en Venezuela. Estuvimos mucho rato hablando de las leyes en la ciudad de Sydney y en Australia y acabó diciendo que daría lo que fuera por no tener un pasaporte australiano-a lo cual respondimos tod*s con una colectiva cara de asombro debido a que millones de personas darían y dan todo lo que tienen por poder acceder simplemente al permiso de residencia en este opulento país-. Según él, debido a la hermandad que Australia tiene con Estados Unidos, una persona con cargos en Australia es igualmente perseguida que una estadounidense por ambos gobiernos y sus respectivos sistemas de inteligencia y de represión, y que por lo visto esto es una vaina a nivel mundial. De ahí pasamos al tema “¿y puedes desertar de ser Australiano?” El tío empezó a contar que en realidad tiene orígenes europeos y que podría acceder a un pasaporte inglés o italiano, ya que al parecer sus abuelos eran Romanís –gitanos que vienen de la India- asentados en Italia y emigrados a Inglaterra donde tuvieron a sus padres, los cuales emigraron a Australia donde él nació. Contó con la enorme especificidad política que se toma una persona con un par de copas de más la diferencia de ser Romaní y de ser Rumano. De ahí no sé cómo acabamos hablando de las leyes de beber alcohol en la calle. El tipo acabó sentenciando que se trataba de una cuestión racista y que de todas las personas que estábamos en la habitación solo tres (él, Andrea y yo) seríamos arrestados por beber en la calle. No sé si se trata de una cuestión de vivir en un país donde el proceso colonial no ha terminado ni mucho menos o qué pero he podido percibir en los meses que llevo en esta parte del mundo lo que alguien llamaba “las  olimpiadas de la opresión”: esto es, el uso indiscriminado de la cuestión de la identidad periférica para gozar de privilegios dentro de los movimientos sociales o de los sectores progres de la sociedad. Llegaba a esta conclusión mientras me quedaba en la parra mirando las raíces rubias de este anarquista de abuelos gitanos de moreno teñido. Esto de teñirse de moreno ya me llamó la atención por primera vez cuando me enrollé por primera vez con una alemana con deje anti-duch que odiaba hablar en Alemán y vino a tirarme los trastos en cuanto me vio, simplemente por no ser blanca. Me quedé flasheada cuando iba a comerle el coño y me dí cuenta que todo su vello púbico era la cosa más rubia que había visto jamás. Rubia de bote chocho morenote se dice en España: bueno, aquí parece ser que se dan la vuelta las cosas, al menos dentro de los movimientos sociales en las sociedades blancas. Es una suerte de exotismo de la diferencia, a lo que ya estamos muy acostumbrad*s, pero que me parece que habría que matizar. Me viene a la cabeza también cuando casi a punto de coger el avión para dejar Auckland, MZ me preguntaba inquistoriamente que me parecía el uso del “burka” por parte de personas que no son musulmanas a razón de la “discussion” que organizamos en MAD space acerca de las políticas postpornográficas en España. Uno de los vídeos que puse fue una entrevista a Diana Pornoterrorista en la que explicaba el origen del término pornoterrorismo. Contaba la primera performance pornoterrorista que apelaba directamente al lavado de cerebro anti-islam que los medios de (in)comunicación divulgaban a diestro y siniestro. MZ me explicó que conocía a mucha gente musulmana que se sentiría ofendida por que Diana usara un burka cuando ella no es musulmana. Yo también he utilizado un burka para una de las performances que organizamos con Transfusión para el Queeristán en Amsterdam y es algo que evidentemente se pensó pero no se le dedicó toda la importancia que para alguien como MZ puede tener. Personalmente yo parto de la base de que todo el mundo ha de hacer lo que le dé la gana dentro de la expresión política o artística, ya que así podemos hablar de ello y no caer en el silencio absoluto que la censura de la neutralidad y lo políticamente correcto nos dirigen, y probablemente viene de ahí que no le diera mucha importancia: tal vez he perdido el miedo a ser incorrecta o incoherente en público, aunque aún no he llegado a que me la sude lo que los demás digan de mi. Volviendo al tema, ¿no se trata de una cuestión muy parecida aunque de nivel más light que una persona rubia se tiña el pelo de negro para “sensibilizarse” o “solidarizarse” con étnias menos favorecidas por el sistema racista-capitalista de un país blanco que utilizar un atuendo usado por personas menos favorecidas por este mismo sistema racista-capitalista para solidarizarse de igual manera o, por qué no, identificar ciertas cuestiones que atañen y atraviesan a tod*s? La ley sexista y racista que prohíbe a las mujeres musulmanas que han decidido llevar el hiyab o burka a usarlo en público es la misma ley que me prohíbe cubrirme de la represión policial en las manifestaciones, y eso me da que pensar.

Mientras estaba en la parra mirando las raíces rubias de este tío se me iban hinchando los ovarios lentamente de pensar que este señor se le respeta por haber teñido su pelo de negro y de esta manera tener una imagen más firme que represente la identidad marginal que le da la palabra en esta micro comunidad anarquista y a Diana se la cuestiona por haber usado un burka en una performance originada en una convulsión política y social tan proclive a la experimentación de estos tabúes, entonces políticos, culturales y religiosos y ahora también tabúes de los movimientos sociales.

Creo que tod*s, en mi opinión, participamos de alguna manera en estas Olimpiadas de la opresión. Me resulta muy difícil cuando un grupo de personas se me acerca preguntando que está pasando en España, movilizaciones, etc. ¡Además con lo que me gusta hablar! Se les cae la baba solo con decir la palabra “square”. Pero bueno he de decir que no tenemos nada que hacer al lado de los griegos, aquí hay uno que es un machista pesado donde los haya pero como es griego y anarquista cada vez que abre la boca todos le escuchan. Y si no es griego es que tiene un tío aborigen o un cuñado negro, pero tod*s los que pasamos por aquí somos jóvenes (fundamental para entrar en la liga de la opresión), alternativ*s de clase media. Y blancos o ligeramente racializad*s, guap*s, activ*s, leíd*s. Menos el señor de las fotografías analógicas en la cajita de madera acolchada, ése no.

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