Hace unos días me encontraba en pleno centro de Barcelona, cenando con unas amigas, muy locas ellas, a las que hacía mucho tiempo que no veía.
Entre vinos y risas, hablábamos de todo. Creo que es cosa de nuestro tiempo querer cambiar el mundo de esta manera, en los bares, siempre rodeados de gente. Parece que queramos buscar una colectividad de la que carecemos a diario, y la buscamos sacando estos temas tan suculentos sobre que si esta ley es una mierda o que si el gobierno debería tal y pascual.
A la segunda botella de vino, casi siempre reina una sensación parecida a la aceptación, pero mezclada con el escepticismo y por ganas de mear. Muy posmoderno todo, oye.
Mis amigas eran todas argentinas. Tienen una característica peculiar todas ellas y es que aunque rajen de su país, se saben argentinas y orgullosas de pertenecer a una cultura que ellas mismas asumen como decadente.
Hablaban de la diferencia en cuestiones de conciencia política en Argentina y en España. Hablaban de que si te suben el billete de metro como pasa en Barcelona arde Buenos Aires. Que aquí lo tenemos todo y que no hacemos nada.
Y tienen razón.
¿Para qué voy a juntarme con alguien si tengo dinero para pagarme mi ocio? ¿para qué voy a casarme si tengo casa propia y un buen trabajo? ¿Para que voy a arriesgarme a vivir una experiencia compartiendo un instante con alguien preguntándole dónde está la farmacia más cercana si puedo pagarme un Iphone con GPS?
Y finalmente, ¿para qué demonios está avanzando la tecnología del capitalismo si no es para proporcionarme esta extraña pero eficaz autogestión?
Realmente, no creo que los humanos de las cavernas hubieran creado tantos mecanismos de lazos sanguíneos y demás parafernalia si hubieran tenido fábricas de mamuts, o maneras alternativas para procrear.
A nivel de activismo político es lo mismo.
Asumimos, gracias a nuestra querida Historiografía-que se encarga de catalogar todo movimiento social enmarcándolo en un “contexto” que nos permita entender la complejidad de cada época, o sea manipular a la peña- la grandiosidad de las viejas revoluciones, que abanderan las igualmente viejas ideologías. Los estudiantes soñamos con un nuevo Mayo, donde según cuenta la Historia, todos los estudiantes se unieron para construir una utopía común.
Mierda. Pura mierda. Igual que los ochenta.
Todo el mundo sueña con los ochenta en España. Nuuuuunca se va a producir una “revolución cultural” (déjame que me ría) como hubo entonces. Así que está claro, lo hemos hecho genial, más fácil imposible. ¿Para qué hacer nada, si ya sabemos que nuca será como entonces, que hoy por hoy todo el mundo va a su rollo y que a las asambleas de la facultad sólo van 6 personas?
Es cierto. El mundo ha cambiado.
La tecnología y el capital de los países occidentales nos ha hecho la vida muy fácil y no necesitamos a nadie. Además, nos ha dado tiempo para que podamos leer y culturizarnos, levantarnos de la tierra para ver que en realidad nada tiene sentido y que para que vas a hacer tu nada, si al fin y al cabo, no somos nada.
También las viejas formas de lucha han quedado obsoletas. Las manifestaciones sirven para poco más que para perpetuar este sistema llamado “democrático”, dándoles la razón cuando dicen que existen libertades. Los colectivos se pudren en un onanismo espeluznante, incapaces de llegar a la gente más allá de sus consignas. ¿grupos de trabajo?¿fanzines? ¿para qué? ¿Si todos tenemos Internet en casa y podemos publicar lo que pensamos en nuestro blog?
Esto puede resultar apocalíptico, sobretodo para las juventudes de PC (ángelicos…) pero tal vez ya va siendo hora de replantearnos las cosas, ir más allá de los viejos modelos de organización subversiva, de las viejas ideologías. Ser conscientes de nuestro tiempo(por fin) pero también ir más allá de los planteamientos que sofocan todo espíritu combativo, tildándolos de ingénuos. Hacernos cargo, finalmente, del sistema en el que vivimos y del que somos partícipes, pues en el momento en el que estoy eligiendo beber vino con mis amigas y no inmolándome en el palacio de congresos es cuando estoy diciendo “de acuerdo, este sistema me compensa”.
Pero claro, ¿cómo voy a cambiar las cosas si los únicos modelos de subversión que conozco están terriblemente absorbidos por el sistema y para los cuales necesito la participación de la gente, que a su vez ya se huele que mucho no va a poder cambiar de esta manera, pensando en términos macro?
Yeah. Aquí está la clave. Lo nuestro debe ser el micro. Las cosas ya están dónde más duelen, bien adentro.
Nos hemos convencido de que el macro nos supera, que el sistema puede con toda opción personal. Es cierto. Pero el tema es que el sistema ya no es ajeno, no son cuatro tíos con pasta que manejan el mundo como muchos pretenden. Ya sé que esta opción es la sencilla, pero es equivocada. Al enemigo lo llevamos dentro, el capitalismo somos nosotras.
……………………………………………………………………………………………………………………………
Cuando Isabel Salas me propuso colaborar en su cortometraje me pareció, así de primeras, un lío impresionante.
Por una parte, porque como buena ciudadana urbana capitalista que soy estoy acostumbrada a trabajar sola. Por otra parte, porque el guión en sí entrañaba una complejidad muy personal de la autora, y me resultaba difícil la idea de poder aportar algo desde mi perspectiva.
Pero mira, las cosas van saliendo bien.
El proyecto Unomásuno trata precisamente de esto: las elecciones personales y su impacto en el entorno.
Enfocado de una manera simbólica, funciona a modo de mito griego. Alguien dijo que los mitos era fantasías colectivas y mira por dónde todo siempre acaba cobrando un extraño sentido, una extraña conexión.
¿Qué puede cambiar una persona?
Bueno, tal vez si traspasamos por fin la casposidad de los viejos modelos de revolución encontremos el campo de batalla en la cotidianeidad.
Cada día nos enfrentamos a una serie de elecciones que no sólo tiene el poder de cambiar las cosas, tienen el poder de cambiarnos a nosotras. Obviándolo, se vive más tranquila, la verdad. Pero creo que este trabajo, a priori, se plantea precisamente como una reflexión que ataca al día a día, que pretende de alguna manera hacer incómoda esta existencia inconsciente, esta deriva cotidiana.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada