Me encanta, además, que esta libreta comience así, desde el placer de algo tan cotidiano. Y es que creo que me gustaría al menos durante estos meses, dejar el éxtasis del pensamiento abstracto y abandonarme tranquilamente al placer de lo concreto, de lo tangible, de lo que siempre está ahí pero que por su recurrencia pierde los límites de sí mismo, difuminandose con el todo, que es la nada.
Por ejemplo, ésa rosa.
Si no existiera un nombre concreto que separa las ideas (ideales) de el rosal y la flor del rosal (rosa), probablemente nuestra percepción se limitaría a aprehender un rosal, cuyas rosas (hoy entendidas como categorías independientes aunque evidentemente relacionadas por la lógica de la botánica), formarían parte de él, pero no serían conceptualizables de manera diferenciada.
Es como ésa planta. Sus hojas, aunque la naturaleza ha modificado su forma, sus colores, su sombra proyectada e incluso, probablemente, su trayectoria vital, su nombre, la palabra que genera el ideal por el que nos regimos, sigue siendo "hoja". Tal vez "hoja roída por un insecto anónimo", pero esto, queridas, no tiene importancia.
Lo más gracioso de todo es -volviendo a nuestra utopía sin rosas conceptualizables- que todo el sector de la economía que rige la cultura, el amor romántico, el día de Sant Jordi, etc. desaparecerían. ¿Qué sería de cualquier película ñoña sin un buen ramo de rosas, con toda su carga histórica, simbólica y pagana?
Las consecuencias de las políticas que rigen nuestro lenguaje y por ello nuestra percepción son tremendas y, en mi opinión, incalculables.
Hablo de género.
Volviendo al agua. Dios, es un placer inmenso ver el agua correr. Empiezo por el principio (me enrollo en esto básicamente porque Arantza me ha cerrado la puerta de casa y no me apetece molestarlas. Puesto que estoy en tetas, no puedo ir a pasear de modo que he encontrado un rinconcito a la sombra, agradable para mi y para las esquivas miradas de l*s vecin*s)
Tengo un problema con la mierda. Lo reconozco.
Y como cualquiera que empiece un párrafo de esta forma, me estriño con facilidad.
La razón más habitual de mis estreñimientos -yo diría que la única- es estar fuera de casas conocidas, digamos, anualmente (no haber compartido ningún flujo afectivo-económico con ell*s)
Bien. Primera parada en Barcelona y ya estoy con lo mismo.
Me da vergüenza. El olor, la situación de que me estén esperando para entrar al lavabo, el miedo de luego no tener papel, no tener agua, ¡no poder borrar las huellas del crimen! (anchoilla), etc.
Así que me voy aguantando. Y en ese momento es automático: mi cuerpo enferma.
Me empiezan a doler cosas. Habitualmente las piernas. Luego la cabeza: siento presión y calor. Si pasan varios días ya es la hostia: granos y herpes labial, hinchazón general y fiebres de esas frías.
Supongo que lo siguiente a eso es un cólico, la muerte o una explosión.
Bien, pues esta mañana me he despertado convencida de que ya está bien, que no quiero maltratar mi cuerpo más allá de lo que me de placer a mí (que le follen al resto, al menos, en este sentido). Aguantarme la mierda por no desagradar a los demás no me da placer, al revés, me hace sentir imbécil e incapaz de vivir como he decidido y quiero vivir durante estos meses.
Esto es, currarse las dinámicas de tu mejor mochila que es tu cuerpo serrano.
Así que me he levantado de la cama, he buscado algo con lo que distraerme por si el asunto (la mierda) se alargaba (versión corta de El Quijote, no es coñá) y me he sentado en la taza. Si, me he sentado porque no puedo cagar de otra manera y zas, había meado en la taza. Argh, no ha molado nada pero esto no me ha desencaminado de mi propósito inicial (cagar) y desde luego no me va a volver a pasar.
No había agua, estaba claro.
He buscado a Arantza que ya estaba despierta y me ha abierto ella gua, y yo he mirado para la próxima vez (porque habrán unas cuantas) poder hacerlo sola.
Y entonces, el milagro.
Cuando abren la toma de agua sale agua fresca en el baño por tres lugares diferentes que corresponden a tres cubos que varían de forma, color y -supongo- función. Uno del grifo de la ducha, otro de la alcachofa de la ídem, y otro de una pequeña fuga que hay debajo del lavabo.
Yo, además, me he aventurado a llevar dos garrafas más, aprovechando los diferentes ritmos de llenado de los correspondientes cubos.
Me ha dado el éxtasis. Era como una especie de sinfonía acuática -un poco underground- que ganaba en experiencia y densidad a cualquier otra pieza musical. El propio agua de mi cuerpo ha querido echarse al baile también, de modo que cuerpo y yo hemos metido la cabeza y las manos en medio de esta orgía de agua dulce y hemos salido a secarnos al sol en este precioso jardicito repleto de rosas donde estoy escribiendo,a la sombra de un níspero y bajo la tiranía de insectos autóctonos.
Me inunda la risa y el placer de pensar que, finalmente olvidé tirar de la cadena en médio de tanto éxtasis licuado y, encerrada en el jardín, me parece una situación maravillosa que precede a este viaje y que me llena de confianza y alegría. Esto es, saber que podré cagar donde y cuando me de la gana.
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me ha encantaooo, pero ahora no te puedes quejar.... muahahha
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